Hay una escena que se repite en muchas empresas.
Alguien tiene que entregar una propuesta, un reporte o un plan. Abre la IA, escribe dos líneas, y en treinta segundos tiene cinco páginas. Bien redactadas, con subtítulos y viñetas. Las revisa por encima, les cambia el logo y las manda.
Todo el mundo siente que avanzó. Y sí, avanzó rápido.
La pregunta es hacia dónde.
En el episodio 2 de mi podcast, Sal de tu Mundito, platiqué con Michael García Novak. Llevamos un buen rato hablando de innovación, de educación y de cómo dejó de existir un negocio completo en el mundo, cuando dijo una frase que me quedó dando vueltas toda la semana:
"La IA eleva la velocidad, pero no la claridad. La claridad la tienes que rascar tú."
Si tienes una empresa y ya usas IA, esa frase te debería incomodar un poquito. A mí me incomodó.
Este artículo es lo que me llevé de esa conversación y cómo lo estoy bajando a la forma en la que trabajamos.
Qué significa que la IA te haga más rápido, pero no más claro
Velocidad y claridad no son lo mismo, aunque se sientan parecidas.
Velocidad es cuánto tardas en producir algo. Un correo, una propuesta, un análisis, un post, un curso.
Claridad es saber qué tienes que producir, para quién, por qué y qué decisión va a cambiar después de que lo produzcas.
La IA es buenísima para la primera. Escribe, resume, ordena, traduce, programa, diseña. Lo que antes te tomaba una tarde ahora te toma minutos.
Pero la segunda no se la puedes pedir así nada más. Si no sabes qué problema estás resolviendo, la IA te va a dar una respuesta muy bien escrita a la pregunta equivocada.
Piénsalo como un carro. La IA le cambia el motor a tu carro por uno de carreras. Pero el volante lo sigues trayendo tú. Y si no sabes a dónde vas, lo único que logras es perderte más rápido.
Ese es el riesgo que veo hoy en muchas PyMEs: no es que no usen IA. Es que la usan para acelerar trabajo que nadie se detuvo a pensar si valía la pena hacer.
Por qué le hago caso a Michael García Novak
Antes de seguir, te cuento quién es, porque no estoy citando a un gurú de internet.
Michael estuvo quince años al frente del CEDIM, la escuela de diseño que fundó su papá en Monterrey. Ahí descubrió Design Thinking por ahí de 2004, cuando casi no había información, y se pasó seis años convenciendo a profesores y directores de cambiar la forma de enseñar. Creó una maestría en innovación de negocios, abrió la oficina de Latinoamérica de una consultora de innovación canadiense que luego se vendió a una empresa pública de tecnología, y fundó varias escuelas de educación continua.
Hoy dirige Infinite Institute, que forma líderes dentro de empresas, y Next University, una universidad alternativa enfocada en diseñar negocios.
Y tiene una historia personal que me pega mucho: a él la escuela nunca se le dio. Estuvo siete años en la universidad y no se tituló. Hoy dice que lo chistoso de la vida es que alguien a quien no le gustaba estudiar terminó con el aprender como su fortaleza más grande.
Yo llegué a él en la pandemia. Un amigo, Yogi Garza, me dijo que me metiera a uno de sus cursos porque me iba a volar la cabeza. Tenía razón. Ese curso fue un punto de quiebre para mí: desde entonces empecé a leer dos libros al mes, cuando antes me parecía imposible.
Así que cuando Michael habla de cómo aprender y cómo pensar, lo escucho con atención.
La distancia entre imaginar algo y crearlo desapareció
Una de las cosas que más me hizo sentido en la plática fue esta:
"La distancia entre imaginar algo y crearlo prácticamente desapareció. Antes la preocupación era no quedarme atrás; ahorita el peligro es ir demasiado rápido sin dirección."
Hace cinco años, si querías una aplicación, una página web, un video o un curso, necesitabas tiempo, dinero y a alguien que supiera hacerlo. Esa fricción tenía un efecto bueno que nadie valoraba: te obligaba a pensar antes de gastar.
Hoy esa fricción ya no está. Puedes tener un prototipo de app en una tarde. Un video en una hora. Un curso completo en un fin de semana.
Y entonces el cuello de botella se movió de lugar.
Ya no está en hacer. Está en decidir qué vale la pena hacer.
Michael lo dijo así:
"La habilidad importante ahorita es saber qué vale la pena crear, porque crear es algo que ya todo mundo puede hacer."
En la plática yo le comenté algo que veo seguido: hoy es muy fácil que alguien diga "hay que hacer una app" sin haber entendido el problema. Y a lo mejor la solución no es una app. A lo mejor es una carta.
Suena exagerado, pero no lo es. Cuando crear es barato, la tentación es crear primero y pensar después.
Innovar no es inventar: el problema va primero
Aquí Michael hizo una distinción que me ayudó a ordenar la cabeza.
Inventar casi siempre tiene que ver con una tecnología nueva. Él puso el ejemplo del Segway: un aparato increíble, una invención, que no resolvió un problema que la gente tuviera.
Innovar es otra cosa. Su definición:
"El enfoque no es ver qué es posible, sino qué problema hay que la gente no ha volteado a ver y que pudiéramos resolver de una manera que nadie se imagina."
Fíjate en el orden. Primero el problema. Después la solución.
Y dijo algo más que me parece clave para cualquiera que use IA en su negocio: el proceso de innovar es primero una disciplina de entender el problema y entender a la gente, sin pensar en ninguna idea hasta que lo hayas entendido bien. La gente cree que innovar es tener ideas. No. Las ideas vienen al final.
La IA, usada sin cuidado, te empuja exactamente al revés. Le pides ideas y te da veinte. Le pides una solución y te la da completa. Y es tan fácil, tan rápido y tan convincente, que te saltas la parte de entender.
Por eso la frase de la velocidad y la claridad pega tanto. La IA te ayuda muchísimo con la solución. El problema lo tienes que entender tú.
La velocidad sí sirve, pero para aprender
Ojo, no quiero que esto suene a que ir rápido es malo. No lo es.
Michael explicó una diferencia que me parece de las más útiles de toda la plática:
"En las compañías establecidas, la forma en la que operan y los miden es: tengo que tener certidumbre para luego actuar, porque equivocarse es pecado. La innovación es al revés: tengo que actuar para tener certidumbre."
Eso quiere decir que hay un tipo de velocidad que sí te da claridad: la que usas para probar, equivocarte barato y aprender algo que no sabías.
Y ahí la IA es una aliada enorme. Puedes armar un prototipo en una tarde y enseñárselo a tres clientes. Puedes escribir dos versiones de una oferta y ver cuál entienden mejor. Puedes simular un proceso antes de cambiarlo en la operación.
La diferencia está en la intención.
Si usas la velocidad para producir más cosas y darlas por buenas, la IA te hace más rápido, pero no más claro.
Si usas la velocidad para hacer pruebas chiquitas y aprender de lo que pasa, la velocidad se convierte en claridad. Pero la convierte tu cabeza, no la herramienta. Tú decides qué probar, tú lees el resultado y tú decides qué sigue.
Michael lo dijo de otra forma: lo que acaba siendo innovador casi nunca es lo que empezaste pensando, sino lo que descubriste intentando. Para descubrir algo, primero tienes que estar buscando.
El problema real: usar la IA para que piense por ti
Ya casi para cerrar la conversación, Michael contó algo que vio en un video de Big Think sobre Dietrich Bonhoeffer, un pastor y teólogo alemán que vivió la Segunda Guerra Mundial y escribió sobre por qué tanta gente inteligente terminó siguiendo ideas absurdas.
La idea, como la contó Michael, es esta:
"La estupidez no es falta de intelecto. Es dejar que piensen por ti, deliberadamente no querer entender y dejar que decidan por ti."
Y luego remató con una frase fuerte: que la forma en la que mucha gente está usando hoy la IA es exactamente eso.
Me quedé pensando en cada una de las tres partes, porque las tres se ven todos los días en una empresa.
Dejar que piense por ti
Es cuando le pides a la IA el plan, la estrategia o el análisis, y lo tomas tal cual. No porque esté bien, sino porque se ve bien.
El texto tiene estructura, tiene viñetas, tiene un tono seguro. Y eso da la sensación de que alguien ya pensó. Pero nadie pensó. La IA acomodó palabras que suenan a una respuesta razonable.
Si tú no puedes explicar con tus palabras por qué ese plan es el correcto para tu empresa, no lo pensaste. Lo copiaste.
No querer entender
Esta es la más silenciosa. Es cuando la IA te da un resultado y no te interesa saber cómo llegó ahí.
Una fórmula en Excel que funciona pero no sabes qué hace. Un correo que suena bien pero no sabrías defender si el cliente te pregunta. Un resumen de un contrato que firmas sin haber leído las tres cláusulas que importan.
Mientras todo salga bien, no pasa nada. El día que algo sale mal, no tienes idea de dónde buscar.
Dejar que decida por ti
Es el paso final. Ya no le pides opciones. Le pides la respuesta. "¿A quién contrato?", "¿qué precio le pongo?", "¿qué proyecto hago primero?".
La IA te va a contestar. Siempre contesta. Y lo va a hacer con mucha seguridad. Pero no conoce a tu cliente, no conoce a tu equipo, no sabe lo que pasó la última vez que intentaste eso, y no va a estar ahí cuando haya que asumir el resultado.
La decisión es tuya. La consecuencia también.
Cómo usa Michael la IA: 300 clics más abajo
Lo que más me gustó es que Michael no está en contra de la IA. Al contrario. La usa todos los días. Pero la usa de otra forma.
Ahorita está armando el programa de una carrera de mercadotecnia para Next University. Le pidió a la IA que todos los días le dé un reporte de las tres cosas más importantes que están pasando en el mundo de la mercadotecnia. Lo escucha en el carro.
Y aquí viene lo interesante. Él mismo dice que ese reporte llega superficial. Algo como "ahora TikTok está haciendo tal cosa". Si se quedara ahí, tendría información de nota de periódico.
Entonces la frena. Y empieza a preguntar:
- "Dale doble clic a esto."
- "Dame el ejemplo específico."
- "¿Cómo lo podemos bajar a una materia?"
- "Dale más profundo, pero por acá."
Su conclusión: acabas con algo muy bueno, pero 300 clics más abajo.
Esa imagen me encanta porque describe la diferencia entre usar la IA para que piense por ti y usarla para pensar. En el primer caso te quedas con el primer resultado. En el segundo, el primer resultado es apenas el punto de partida.
Y Michael dijo algo que no me esperaba: que usar así la IA te vuelve mejor líder. Más deliberado, mejor comunicador, más iterador. Porque para sacarle algo bueno tienes que saber preguntar, saber qué quieres y no conformarte con lo primero que te dan.
Es lo mismo que hace un buen líder con su equipo.
La diferencia no está en la herramienta, está en el craft
Otra idea que se me quedó:
"Diseñar cualquier cosa, un curso, una casa: la diferencia no está en la herramienta sino en el craft, en el cuidado y la atención que le pones al detalle."
Michael lo explicó con su propio negocio. Si le dice a la IA "hazme un curso de comunicación", se lo va a hacer. Pero va a estar mal, o va a estar igual que todos. Si quiere hacer un curso de verdad bueno, la IA le ayuda a hacerlo más rápido, sin duda. Pero no se lo hace sola.
Y dio un dato que me pareció muy honesto. En Infinite Institute, poco antes de la IA, producir un curso de hora y media les tomaba 100 horas de trabajo, desde la investigación hasta tener todo listo con diseño y video. Con IA bajó a unas 50 horas.
Fíjate en lo que no dijo. No dijo que bajó a cinco horas. Bajó a la mitad.
¿Por qué? Porque automatizaron lo automatizable, como él mismo lo dijo, pero no la toma de decisiones ni el entendimiento. Esa parte la siguen haciendo ellos. Esa parte es el craft.
Creo que ese es un número mucho más realista que lo que se promete en redes. La IA sí te ahorra tiempo, y mucho. Pero si te promete ahorrarte el pensar, desconfía.
Lo que me llevo de esta conversación
En la plática le conté a Michael cómo lo vemos nosotros. En la empresa de tecnología que tenemos, la idea es que la IA haga lo aburrido. Lo repetitivo. Lo que te quita tiempo y te quema. Para que la gente pueda crear y aportar valor donde está.
Después de esta conversación lo veo todavía más claro, y lo resumiría así:
La velocidad se la dejo a la IA. La claridad me la quedo yo.
Eso implica tres cosas concretas.
La primera: antes de pedirle algo a la IA, tengo que poder decir en una frase qué problema estoy resolviendo. Si no puedo, el problema no es la herramienta. Es que todavía no entendí.
La segunda: el primer resultado no es el resultado. Es el borrador. Lo que vale está más abajo, en las preguntas que le hago después.
La tercera: las decisiones no se delegan. Se preparan con IA, se discuten con IA, se ponen a prueba con IA. Pero se toman con nombre y apellido.
Cómo usar la IA para pensar y no para que piense por ti
Esta es la parte práctica. Si mañana quieres empezar a usar la IA para ganar claridad y no solo velocidad, esto es lo que te propongo.
1. Escribe el problema antes de abrir la IA
Una frase. No más. "Quiero saber por qué bajaron las ventas de tal producto en los últimos tres meses." "Necesito decidir si abro una segunda sucursal este año."
Si no puedes escribir esa frase, no abras la IA todavía. Platica primero con tu equipo, revisa tus números, o sal a hablar con un cliente.
2. Pídele preguntas antes que respuestas
En lugar de "dame un plan para subir ventas", prueba con "¿qué preguntas me tendría que hacer antes de armar un plan para subir ventas?".
Te va a dar una lista. Contéstala tú. Esa lista te obliga a pensar, y tus respuestas se vuelven el mejor contexto que le puedes dar a la IA después.
3. Dale doble clic, como Michael
Cuando te dé un resultado, no te quedes ahí. Tres preguntas que funcionan casi siempre:
- "Dame un ejemplo específico de esto."
- "¿Qué estás suponiendo que podría no ser cierto en mi caso?"
- "¿Cómo se vería esto aplicado a una empresa como la mía, con este tamaño y este equipo?"
Cada pregunta es un clic más abajo. No necesitas 300 todos los días. Pero uno solo casi nunca alcanza.
4. Úsala para aprender, no para no aprender
Si la IA te dio algo que no entiendes, pídele que te lo explique como si fueras alguien que apenas está empezando. Y luego explícaselo tú de regreso con tus palabras y pídele que te diga en qué te equivocaste.
Suena a tarea de escuela. Funciona. Es la diferencia entre tener un resultado y entenderlo.
5. Pondera, no delegues la decisión
Para decisiones importantes, no le preguntes "¿qué hago?". Pregúntale:
- "Dame los mejores argumentos a favor."
- "Ahora dame los mejores argumentos en contra."
- "¿Qué información me falta para decidir bien?"
Con eso decides tú. Con mejores argumentos, pero tú.
6. Separa lo automatizable de lo que es criterio
Haz una lista de las tareas de tu semana. Ponle una marca a las que son repetitivas, con reglas claras, donde un error se detecta fácil. Esas son para la IA.
Ponle otra marca a las que requieren criterio, contexto o relación con una persona. Esas se quedan contigo o con tu equipo, y la IA solo ayuda a prepararlas.
Es justo lo que hizo Michael con sus cursos: de 100 a 50 horas, automatizando lo automatizable y sin tocar las decisiones.
Una prueba rápida para saber si la IA está pensando por ti
Si quieres un termómetro sencillo, hazte estas cinco preguntas la próxima vez que mandes algo que hiciste con IA:
1. ¿Puedo explicar con mis palabras por qué esto es lo correcto?
2. ¿Sabría defenderlo si alguien me lo cuestiona?
3. ¿Le pregunté algo después del primer resultado?
4. ¿Cambié algo importante, o solo el formato?
5. ¿La decisión final la tomé yo, o la acepté?
Si contestaste que no a dos o más, la IA te hizo más rápido. Pero no más claro.
No pasa nada. Nos pasa a todos. Lo importante es darte cuenta.
La claridad la tienes que rascar tú
Me gusta mucho la palabra que usó Michael: rascar.
La claridad no llega sola. No se descarga. No viene en el primer resultado de un prompt. Se rasca. Con preguntas, con dudas, con tiempo para pensar y con la disposición de aceptar que a lo mejor lo que querías hacer no es lo que hay que hacer.
La IA es la mejor herramienta que hemos tenido para ir rápido. Úsala. Pero no le pidas que vaya por ti a donde todavía no sabes que quieres ir.
Si quieres escuchar la conversación completa con Michael, está en el episodio 2 de Sal de tu Mundito. Hablamos de su niñez en el taller de carpintería de su abuelo, de por qué nunca se tituló, de cómo murió el negocio de la innovación en el mundo y de su apuesta por una universidad distinta.
Y te dejo con la pregunta que me hice yo después de grabarlo:
¿Qué decisión de esta semana le dejaste a la IA que en realidad tenías que pensar tú?
¿Esto te generó una pregunta o quieres aplicarlo en tu negocio?
Escríbeme directo a aldo@avoficial.com - Aldo Verteramo
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